VIDEOS
Acto de la presentación del libro de Ludwing Orlando Arias
Morales "Los Sueños de Alejandro e Isabel" en el Centro Cultural
Galileo el día 29 de junio de 2012. Madrid, España.
En el primer vídeo intervienen D. Antonio Calderón de Jesús - Miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte, quien inicia con una introducción sobre el autor del libro, después toma la palabra D, Tomás Paredes Romero - Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte, se refiere a la trayectoria de Orlando Arias como pintor. En el segundo vídeo interviene D. Benito de Diego González - Miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte, él habla sobre la novela, luego de hacer un resumen de ella, comenta sobre su contenido.
Primer video
Segundo vídeo
Benito de Diego hizo una amplia disertación sobre la novela de Orlando, cuyo
texto se transcribe a continuación.
POR QUÉ PRESENTO EL LIBRO
Conozco a Orlando Arias desde hace algunos años. Este conocimiento
vino de la mano de mi querida compañera en la Asociación Española de Críticos
de Arte, infatigable animadora cultural y artística, Manoli Ruiz que me invitó
a asistir a la inauguración de una exposición de pintura de Orlando, de la cual
era ella comisaria.
Desde entonces, para mi Orlando es un personalísimo pintor, con
obra prolija, llena de poesía, de misterios y de emociones, al que referencié
como un gran artista. Después he comprobado que además es un gran hombre,
íntegro, que sigue su vocación con ahínco; sensible, altruista y
compasivo, como queda patente en la
dedicatoria de esta su “opera prima” literaria, que hoy nos ha reunido aquí. Dice
Orlando en ella: “Dedico este libro/a mis padres que Dios tenga en su gloria/a
mis hijos/y a toda la humanidad”. Aquí está dicho todo. Estas palabras no
precisan otra glosa. Esta es la personalidad del autor. Estos son sus valores y
sus poderes de humanista contemporáneo.
Pues bien, un día recibí su llamada en la que pedía si yo querría
presentar su libro. Me dijo que él lo había pensado y que se había atrevido a
pedírmelo animado por nuestra común amiga Manoli Ruiz. He aquí otro de los
rasgos acusados de su personalidad: la humildad. Una humildad encomiable que le
enaltece. No podía negarme, no quería negarme y acepté el honor y la
responsabilidad. Y aquí estamos, para cumplir con la misión encomendada y
gustosamente aceptada. Espero ser claro y breve y que mis palabras estimulen
las apetencias de tan señalado auditorio por conocer la obra y gozar con su
lectura.
QUIEN ES EL AUTOR
Orlando Arias Morales, es ante todo un pintor que nos trae la
riqueza de los colores del Valle boliviano donde se sitúa su Potosí natal,
nacido en 1954 tiene tras de sí una larga y fructífera carrera, con
exposiciones, desde 1976, en las más importantes ciudades de Bolivia, Ecuador,
Costa Rica, Panamá, Chile, Estados Unidos, Italia, Bélgica, Francia y España. .
Orlando Arias es, como se ve, un espíritu cosmopolita y además un
soñador. Al igual que
en su pintura, en “Los sueños de Alejandro y de Isabel” el autor se expresa en
un meta-realismo, que supera la memoria de los sueños, para introducirse en los
espacios de la fantasía.
La historia que cuenta en su libro, en parte crónica de un tiempo y
de una sociedad, tiene sus raíces, no solo en el Valle de donde es oriundo,
sino también, como él dice, “en el influjo que los ancestros ejercen sobre el
alma de cada uno”, ya que, en efecto, su narración es muy propia de aquellos
países andinos, en los que transcurrió su infancia y sus primeras impresiones
vitales, de las que toda persona es feudataria.
En la obra de Orlando Arias, como en su pintura, aparecen los
colores que dan vida a un riquísimo mundo cromático, alimentado permanentemente
por la realidad folklórica y popular de su país.
J.L. Montané ha definido a este pintor como un “metafísico” y lo
es, digo yo, porque su visión de los actos reales abarca a lo que trasciende de
la evidencia, para plasmarlo en su pintura con “una mirada del más allá”, que
es lo mismo que hace en su literatura. Pero Orlando Arias es además y sobre
todo un altruista, que ama a sus próximos y a sus lejanos. A su prójimo, a sus
hermanos. A la Humanidad. La compasión es su virtud relevante. Iluminado por
ella ha concebido la historia que da contenido a su libro y la ha plasmado con
el arrebato que da la pasión. Es una
crónica apasionada del quehacer de dos seres entregados a hacer el bien y ha
impedir el mal que la injusticia supone.
QUE CUENTA LA OBRA
La historia tiene dos protagonistas: Isabel y Alejandro, que son
jueces y partes del devenir vital de un pueblo llano y laborioso…y también
explotado. Isabel nace
en un innominado pueblo, en casa humilde, y es adoptada, en contra de la
voluntad de su madre, por la familia más rica y poderosa de la comunidad. Esta
circunstancia será conocida más adelante por Isabel, lo que constituirá un
elemento importante para el fortalecimiento
de su natural rebeldía ante la injusticia.
El niño Alejandro llega al pueblo con su familia campesina y conoce
muy tempranamente a Isabel. Desde entonces sus vidas quedan inexorablemente
unidas. El amor que nace entre ellos, ya en la adolescencia fructifica, tras el
matrimonio, en el pequeño Miguel, depositario de la historia, en la que
Alejando e Isabel, sus padres, son los protagonistas. Historia que se trasmite
por generaciones hasta llegar al tataranieto de los protagonistas.
A Isabel, poseedora de una energía incontenible, la domina y
espolea el ardor y el dolor de la injusticia. Sentimiento en el que es
acompañada por su Alejandro, que comparte con ella la conmiseración hacia los
pobres y oprimidos.
Con esta vocación arrolladora, Isabel inevitablemente se convierte
en una líder popular y termina por crear un partido político, con el que
concurre a las elecciones. Una vez ganadas, inicia toda una serie de reformas
sociales y económicas que, inevitablemente despiertan el odio de los poderosos,
por lo que finalmente, amenazada de muerte, se ve obligada a abandonar. No se
rinde, no renuncia Isabel a su sueño quimérico de su personal utopía,
simplemente aplaza su consecución cuando dice: “nuestra labor de hoy será
centrarnos más en la educación de los niños, ellos están llamados a cambiar el
mundo”.
Alejandro, en sus oníricas ensoñaciones, ha de ser, cual caballero
artúrico, el rescatador y salvador de su señora Isabel y la lleva, al final de
sus sueños, guiado por la Nereida, a alcanzarle el triunfo, cuando: “el padre
de Nereida colocaba la corona en la cabeza de Isabel, los asistentes se
pusieron de pie y aplaudían a Isabel, como Reina del Mar”.
CÓMO ESTÁ ESCRITA LA OBRA
Se desenvuelve entre el naturalismo de la experiencia más escueto y
la fantasía más exuberante, que va desde, (sigamos a Italo Calvino), lo
fantástico visionario a lo fantástico mental, no despreciando la ciencia
ficción, por dos vías que se entrecruzan en el transcurso de la peripecia del
relato y que es explicada mediante el monólogo continuado de un narrador omnisciente.
Finalmente la narración toma un sesgo sorprendente, que de alguna forma nos
remite al universo kafkiano, de cuyo espíritu está impregnada toda la obra, al
unir lo fantástico y lo verdadero en una acción proyectada a un futuro
nebuloso.
Son muchos los personajes, tanto reales como oníricos. Sin embrago
el autor prescinde de cualquier diálogo interpersonal. El único diálogo
existente es el que el autor establece con el lector al que dirige sus palabras
y pensamientos.
La
obra recoge las utopías que de un humanismo radical y fabiano, puro e ingenuo,
en el que se desgranan los paradigmas de una sociedad, en la que la injusticia
es doblegada por el tesón de quienes hacen de la justicia su arma y armadura
contra el poder y el egoísmo.
La lectura y la comprensión del texto son inmediatas, sin
complicaciones estilísticas, que pudieren difuminar y entorpecer el
discernimiento del mensaje y el autor lo consigue mediante el empleo de un
léxico directo y sencillo. También aquí se pueden establecer algunas concomitancias
con la obra kafkiana, ya que, “mutantis mutandis”, conforme señala el ensayista
y crítico de la obra de Kafka, Tomás Barna: “Su prosa no se distorsiona jamás.
Hay una lógica, una naturalidad, un razonamiento tan claro y veraz en los
acontecimientos reales o imaginarios que presenta…que torna lo aparentemente
más delirante y absurdo en verdad irrefutable”. Y es que, “mutatis mutandis”, todo eso se
puede predicar de la prosa y de la literatura que Orlando Arias desarrolla en
esta su “opera prima”.
El relato, siguiendo un proceso diacrónico, está compuesto por un
caleidoscopio de escenas que explican las historias de los dos protagonistas,
Isabel y Alejandro, a los que las circunstancias unen y así continúan hasta más
allá del fin de la narración, que está plena de inocencia.
La peripecia de Isabel está narrada en un estilo radicalmente
realista, naturalista, en el que no se ahorran los detalles de la crueldad, a
los que puede llegar el egoísmo de los poderosos, en su relación con sus
semejantes, según la experiencia nos demuestra día a día y podemos constatar,
si nos mantenemos atentos al clamor de los oprimidos.
Alejandro es coprotagonista de la historia de Isabel, pero al mismo
tiempo es protagonista de la historia que en los sueños tiene, en los que
aparece como caballero de Camelot valedor y salvador de Isabel, a la que
acechan peligros innúmeros e inimaginables. Solo imaginables en el mundo
onírico en el que el protagonista se desenvuelve. El autor, en la narración de
estos sueños, usa todo tipo de recursos literarios, que van desde los que Lewis
Carrol empleó en el país maravilloso de Alicia, pasando por los que J.R.R.
Tolkien desarrolló para su Señor de los Anillo, hasta los que la también
británica J.K. Rowling manejó para explicar las peripecias de su niño-mago,
Harry Potter.
Así como la historia de Isabel es una imagen fiel de los
acontecimientos reales que componen su
entramado, los sueños de Alejandro constituyen una gran metáfora con la que el
autor describe la lucha por conseguir los ideales del protagonista entre los
que destaca su afán por salvar y proteger a su señora. La narración puede
leerse de corrido, siguiendo su discurrir cronológico, o puede leerse abriendo
el libro por cualquier capítulo, pues que cada uno de ellos constituyen de por
si un relato en el que se da, según la preceptiva clásica: Un planteamiento, un
nudo y un desenlace.
COMO HAY QUE
ACERCARSE A LA OBRA
Orlando Arias, el autor, es sin duda, un hombre de convicciones que
vuelca en su relato y si bien es cierto que, como decía Ortega y Gasset
“nuestras convicciones más arraigadas son las más sospechosas, porque
constituyen nuestros límites, nuestros confines, nuestra prisión”, no es menos
cierto que, como afirmó el poeta alemán Heine, sólo aquellos que tienen
convicciones son capaces de concebir y edificar bellas y poderosas catedrales
góticas. Pero como dice el ya citado ensayista Tomás Barna: “La riqueza de la
obra literaria nos confirma también,, que los símbolos denominados
“universales” no son la materia esencial de la creación artística, puesto que -
en sí mismos – son elementos estériles. Sólo cuando se hallan animados de una
experiencia personal y adquieren la vibración que emana de los sentidos,
logrando crear atmósferas en la que se entremezclan la ambigüedad y la
sugerencia… los símbolos pueden conmover y emocionar profundamente”. Y este es
el caso.
A esta obra, por tanto, (yo diría, que a toda narrativa), hay que
acercarse con actitud meditativa e, incluso, introspectiva, para llegar a
descubrir la esencia y el fundamento de toda proposición, sea racional o ideal,
que en ella se explicita. Es decir, debemos abordar su lectura con una
disposición intelectual abierta a las consecuencias del impacto, inmediato y
subsiguiente, que pueda producirnos, para aprovechar aquello que el texto y el
contexto nos propone y vibrar y emocionarnos con ello. Aceptado esto, entiendo,
con el autor, que es así como el futuro lector debe acercarse a esta narración,
y solo bajo esta óptica, ha de entenderse la advertencia que nos hace en la
Introducción a la narración, cuando escribe: “hay que leerla con mente abierta,
receptiva, sin prejuicios de ninguna clase, desprovisto de todo interés
personal y hacer volar a nuestra imaginación, para capturar la magia y los
misterios que encierra el Universo”.
Amén, digo
yo.
Benito de
Diego
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